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	<title>Comentarios para Fundación C.E.S.</title>
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		<title>Comentario de Quienes somos por claudia de la cruz</title>
		<link>http://www.fundaces.com/?page_id=2&#038;cpage=1#comment-3738</link>
		<dc:creator>claudia de la cruz</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 10:43:39 +0000</pubDate>
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		<description>es bueno saber de otras terapias en la medicina familiar es nuevo para mi ya que la formacion en la residencia no satisface los cambios actuales de la mujer en la sociedad y la incidencia en la familia</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>es bueno saber de otras terapias en la medicina familiar es nuevo para mi ya que la formacion en la residencia no satisface los cambios actuales de la mujer en la sociedad y la incidencia en la familia</p>
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		<title>Comentario de Algunos malentendidos sobre la terapia sistémica por Editor</title>
		<link>http://www.fundaces.com/?p=18&#038;cpage=1#comment-3293</link>
		<dc:creator>Editor</dc:creator>
		<pubDate>Wed, 02 Sep 2009 00:32:29 +0000</pubDate>
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		<description>Resulta difícil responder a la vivencia relatada respecto al uso y los posibles efectos de la terapia sistémica en el contexto judicial en casos de violencia intrafamiliar, en tanto existe una distancia entre la vivencia de quienes fueron partícipes en la situación, y quienes, como es este caso, la leen a la distancia.
 
No obstante, van algunos comentarios y preguntas a modo de reflexión: 

Lo primero que surge como interrogante, es si la derivación a terapia familiar sistémica es una constante en el manejo de los casos desde los juzgados de familia, o si es algo que se realiza de manera particular en ciertas situaciones. Esto, porque a veces se corre el riesgo, al rutinizar ciertas prácticas, de obviar las particularidades de la situación y las necesidades de las personas. Pero esta &quot;rutinización&quot; no es propia de los juzgados, sino de todas las instituciones. 

Lo segundo, tiene que ver con el lugar que ocuparía la terapia sistémica dentro de un proceso judicial, es decir, cuál sería el propósito de un proceso de este tipo, dentro de un proceso más amplio como es el judicial. A lo mejor, sería más conveniente llamarle &quot;conversaciones&quot; que &quot;terapia&quot;, ya que la terapia implica la voluntad de asistir por parte de las personas implicadas, y también, que lo que allí se converse será privativo de ese espacio. Esto resulta seguramente difícil cuando la llamada &quot;terapia&quot; se &quot;ordena&quot; desde el juzgado, y entonces, no sería &quot;terapia&quot;, y esa regla debería quedar clara para todos, empezando por los &quot;terapeutas&quot;. En este sentido, un llamado de atención, para los terapeutas mismos, es a diferenciar sus prácticas, y a comprender que no todo lo que hacen es, ni debería ser, &quot;terapia&quot;. 

Lo anterior remite entonces a un tercer punto de reflexión, y es el de cuáles serían los objetivos de unas conversaciones entre los implicados, en un contexto tan difícil como lo es un proceso judicial en un caso de violencia intrafamiliar. Me aventuraría a señalar que en algunos países, los sistemas judiciales y quienes hacen parte de ellos, vienen adelantando un proceso de reflexión sobre su propio quehacer, y se han percatado de la necesidad de cambiar sus prácticas &quot;que lo judicializan todo&quot;, y de incluir a otros profesionales y saberes, a fin de devolver los problemas humanos, y dentro de ellos, los problemas familiares, a un modo de resolución, digámoslo, más &quot;humanos&quot; y menos&quot;judicial&quot;. Es decir, los sistemas judiciales se han dado cuenta de la necesidad de &quot;desjudicializarse&quot; en cierta medida, lo cual no es fácil, como lo muestra el caso relatado, y a veces, por querer favorecer ciertas cosas, se termina actuando en contravía. 

Sara Ardila.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Resulta difícil responder a la vivencia relatada respecto al uso y los posibles efectos de la terapia sistémica en el contexto judicial en casos de violencia intrafamiliar, en tanto existe una distancia entre la vivencia de quienes fueron partícipes en la situación, y quienes, como es este caso, la leen a la distancia.</p>
<p>No obstante, van algunos comentarios y preguntas a modo de reflexión: </p>
<p>Lo primero que surge como interrogante, es si la derivación a terapia familiar sistémica es una constante en el manejo de los casos desde los juzgados de familia, o si es algo que se realiza de manera particular en ciertas situaciones. Esto, porque a veces se corre el riesgo, al rutinizar ciertas prácticas, de obviar las particularidades de la situación y las necesidades de las personas. Pero esta &#8220;rutinización&#8221; no es propia de los juzgados, sino de todas las instituciones. </p>
<p>Lo segundo, tiene que ver con el lugar que ocuparía la terapia sistémica dentro de un proceso judicial, es decir, cuál sería el propósito de un proceso de este tipo, dentro de un proceso más amplio como es el judicial. A lo mejor, sería más conveniente llamarle &#8220;conversaciones&#8221; que &#8220;terapia&#8221;, ya que la terapia implica la voluntad de asistir por parte de las personas implicadas, y también, que lo que allí se converse será privativo de ese espacio. Esto resulta seguramente difícil cuando la llamada &#8220;terapia&#8221; se &#8220;ordena&#8221; desde el juzgado, y entonces, no sería &#8220;terapia&#8221;, y esa regla debería quedar clara para todos, empezando por los &#8220;terapeutas&#8221;. En este sentido, un llamado de atención, para los terapeutas mismos, es a diferenciar sus prácticas, y a comprender que no todo lo que hacen es, ni debería ser, &#8220;terapia&#8221;. </p>
<p>Lo anterior remite entonces a un tercer punto de reflexión, y es el de cuáles serían los objetivos de unas conversaciones entre los implicados, en un contexto tan difícil como lo es un proceso judicial en un caso de violencia intrafamiliar. Me aventuraría a señalar que en algunos países, los sistemas judiciales y quienes hacen parte de ellos, vienen adelantando un proceso de reflexión sobre su propio quehacer, y se han percatado de la necesidad de cambiar sus prácticas &#8220;que lo judicializan todo&#8221;, y de incluir a otros profesionales y saberes, a fin de devolver los problemas humanos, y dentro de ellos, los problemas familiares, a un modo de resolución, digámoslo, más &#8220;humanos&#8221; y menos&#8221;judicial&#8221;. Es decir, los sistemas judiciales se han dado cuenta de la necesidad de &#8220;desjudicializarse&#8221; en cierta medida, lo cual no es fácil, como lo muestra el caso relatado, y a veces, por querer favorecer ciertas cosas, se termina actuando en contravía. </p>
<p>Sara Ardila.</p>
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		<title>Comentario de Algunos malentendidos sobre la terapia sistémica por Susana Maurin</title>
		<link>http://www.fundaces.com/?p=18&#038;cpage=1#comment-3128</link>
		<dc:creator>Susana Maurin</dc:creator>
		<pubDate>Tue, 18 Aug 2009 14:26:48 +0000</pubDate>
		<guid isPermaLink="false">http://www.fundaces.com/?p=18#comment-3128</guid>
		<description>Uso y mal uso de la terapia sistémica como medio del agresor para &quot;obligar&quot; a víctimas de violencia doméstica a una revinculación y revictimación que no tendría lugar por otra vía.

En Uruguay es frecuente que la violencia de género se ejercite por varios flancos.

El violento ejercita la violencia por vías alternativas, entre ellas la económica, la procesal y además recurre a exigir en los juzgados que se implemente una terapia sistémica.

Obviando su naturaleza violenta, de no asunción de su problema y minimización de los hechos de violencia, culpabiliza a las víctimas de los resultados e introduce ante los juzgados otra vía de violencia que resulta en la revictimización a través de la terapia sistémica que incluye por sí tanto a los menores maltratados como a su exconyuge.

Mis hijos y yo fuimos víctimas de violencia intrafamiliar en su más amplio espectro. Hace 6 años que estoy divorciada por Sevicias, malos tratos e injurias graves. Tras el último incidente de violencia física con 30 días de inactividad por lesiones, estando mis hijos presentes que me salvaron la vida, creímos que la violencia terminaría.

Sin embargo, fue el comienzo de otro estilo de violencia. Innumerables demandas judiciales (13 expedientes), demandas actuadas tanto por la madre del agresor como por él mismo, incumplimiento de pensión alimenticia, pericias y más pericias, a mi, a mis hijas, implementación de visitas supervisadas a las que mis hijas siempre se negaron, etc.

Ahora la vía que han seleccionado para continuar con los hostigamientos es la petición de terapia sistémica cuando la raíz del problema no está en la nueva familia que estos seres violentos formaron, sino en sus antecedentes familiares violentos (que incluyen procesamientos penales por lesiones entre otro tipo de infracciones y problemas con la forma que tienen de socializar).

Es tremendo que aún a seis años continuemos en esta suerte de esclavitud de la que el sistema no permite nos liberemos.

Cada individuo tiene el derecho de decidir con quién desea vincularse de acuerdo con sus bases morales, de principios y de sabiduría de sobrevivencia. Sin embargo, en la violencia de género esto no se tiene en cuenta. Por el contrario, reiteradamente se somete a la víctima a victimario.</description>
		<content:encoded><![CDATA[<p>Uso y mal uso de la terapia sistémica como medio del agresor para &#8220;obligar&#8221; a víctimas de violencia doméstica a una revinculación y revictimación que no tendría lugar por otra vía.</p>
<p>En Uruguay es frecuente que la violencia de género se ejercite por varios flancos.</p>
<p>El violento ejercita la violencia por vías alternativas, entre ellas la económica, la procesal y además recurre a exigir en los juzgados que se implemente una terapia sistémica.</p>
<p>Obviando su naturaleza violenta, de no asunción de su problema y minimización de los hechos de violencia, culpabiliza a las víctimas de los resultados e introduce ante los juzgados otra vía de violencia que resulta en la revictimización a través de la terapia sistémica que incluye por sí tanto a los menores maltratados como a su exconyuge.</p>
<p>Mis hijos y yo fuimos víctimas de violencia intrafamiliar en su más amplio espectro. Hace 6 años que estoy divorciada por Sevicias, malos tratos e injurias graves. Tras el último incidente de violencia física con 30 días de inactividad por lesiones, estando mis hijos presentes que me salvaron la vida, creímos que la violencia terminaría.</p>
<p>Sin embargo, fue el comienzo de otro estilo de violencia. Innumerables demandas judiciales (13 expedientes), demandas actuadas tanto por la madre del agresor como por él mismo, incumplimiento de pensión alimenticia, pericias y más pericias, a mi, a mis hijas, implementación de visitas supervisadas a las que mis hijas siempre se negaron, etc.</p>
<p>Ahora la vía que han seleccionado para continuar con los hostigamientos es la petición de terapia sistémica cuando la raíz del problema no está en la nueva familia que estos seres violentos formaron, sino en sus antecedentes familiares violentos (que incluyen procesamientos penales por lesiones entre otro tipo de infracciones y problemas con la forma que tienen de socializar).</p>
<p>Es tremendo que aún a seis años continuemos en esta suerte de esclavitud de la que el sistema no permite nos liberemos.</p>
<p>Cada individuo tiene el derecho de decidir con quién desea vincularse de acuerdo con sus bases morales, de principios y de sabiduría de sobrevivencia. Sin embargo, en la violencia de género esto no se tiene en cuenta. Por el contrario, reiteradamente se somete a la víctima a victimario.</p>
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