Algunos malentendidos sobre la terapia sistémica
MALENTENDIDO 1. LA TERAPIA SISTÉMICA ES SÓLO PARA LA FAMILIA.
Debido a que en sus orígenes la terapia sistémica estuvo estrechamente ligada al campo de la terapia familiar, o más propiamente dicho, se desarrolló en dicho campo, se generó la idea de que ambas son sinónimas. Sin embargo, no toda terapia sistémica es familiar y no toda terapia familiar es sistémica.
Es muy importante subrayar que lo fundamental de la terapia sistémica estriba en su visión contextual y relacional de los seres humanos. Visión que tiene que ver tanto en el desarrollo de las personas, en la generación de sus problemas y en la búsqueda de soluciones a tales problemas.
Sin duda, la familia es uno de los contextos relacionales privilegiados para las personas. Pero como lo han señalado algunos, la familia que conocemos actualmente y que consideramos como “natural”, es de formación muy reciente en la historia de la humanidad y seguramente cambiará, y de hecho ha ido cambiando con el correr de los años.
Así mismo, es claro que muchas veces la familia es sólo uno de los muchos entramados relacionales que son importantes y significativos para las personas, ocurriendo que en algunas ocasiones y en algunas culturas, no es ni siquiera la más importante.
Pero los terapeutas nos hemos acostumbrado a ver familias, a traer a las familias a partir de las conversaciones y preguntas que formulamos, así como a partir de las personas que convocamos a un encuentro terapéutico.
El reto desde una perspectiva sistémica es el de reconocer tanto a la familia como a otros contextos relacionales que sean de importancia para nuestros consultantes, y poder extraer de allí recursos útiles para el bienestar de quienes acuden buscando ayuda.
MALENTENDIDO 2. LA TERAPIA SISTÉMICA ES UNA TERAPIA NO PROFUNDA.
Desde sus orígenes, la terapia sistémica se ha diferenciado de las demás terapias que existen, tanto a nivel epistemológico como a nivel de los métodos y las técnicas de trabajo. Como ya vimos, se fundamenta en la visión relacional y contextual de los seres humanos, y desde muy temprano enfatizó en la importancia de la comunicación.
Podríamos decir que como todo paradigma emergente que se opone al paradigma establecido en un momento dado, buscó en sus inicios remarcar ciertas diferencias, a partir de lo que consideraba eran los puntos más críticos y controversiales de los modelos de terapia vigentes.
Uno de tales puntos críticos se refería al tiempo que duraban las terapias así como a la importancia que se le daba a lo “inconsciente”. La terapia sistémica no se ocupó de este concepto puesto que se centró en las interacciones, en lo dicho, en lo visto y en lo actuado.
Señaló que las personas en interacción generaban pautas rápidamente, pautas que al solidificarse resultaban a veces resistentes al cambio, por lo cual la terapia misma debía cuidarse de generar tales pautas, y en consecuencia debía o bien actuar rápidamente, o bien moverse constantemente, a fin de poder mantener la “neutralidad”. Así mismo, enfatizó la importancia de volver a ver lo que resultaba evidente o lo que estaba presente, lo cual muchas veces se ignoraba por tratar de ver más allá, en lo “profundo”.
Desde allí, las críticas que se generaron frente a la terapia sistémica se asentaron en esto: en que no era “profunda”, y por contraste, superficial. No obstante, la idea misma de profundidad vs. superficialidad y la valoración de ambas dimensiones, ha sido cuestionada en los últimos años, por ejemplo, por G. Deleuze, quien citando una frase de P. Valery señala que “lo más profundo es la piel”.
Si sabes de otro malentendido sobre la terapia sistémica, nos gustaría conocerlo y publicarlo en este espacio. Por favor envíanoslo a: info@fundaces.com
Colocado: Febrero 20th, 2009 bajo Formación.
Tags: Formación, Terapia sistémica
Comentarios
Comment de Editor
Hora Septiembre 2, 2009 a 12:32 am
Resulta difícil responder a la vivencia relatada respecto al uso y los posibles efectos de la terapia sistémica en el contexto judicial en casos de violencia intrafamiliar, en tanto existe una distancia entre la vivencia de quienes fueron partícipes en la situación, y quienes, como es este caso, la leen a la distancia.
No obstante, van algunos comentarios y preguntas a modo de reflexión:
Lo primero que surge como interrogante, es si la derivación a terapia familiar sistémica es una constante en el manejo de los casos desde los juzgados de familia, o si es algo que se realiza de manera particular en ciertas situaciones. Esto, porque a veces se corre el riesgo, al rutinizar ciertas prácticas, de obviar las particularidades de la situación y las necesidades de las personas. Pero esta “rutinización” no es propia de los juzgados, sino de todas las instituciones.
Lo segundo, tiene que ver con el lugar que ocuparía la terapia sistémica dentro de un proceso judicial, es decir, cuál sería el propósito de un proceso de este tipo, dentro de un proceso más amplio como es el judicial. A lo mejor, sería más conveniente llamarle “conversaciones” que “terapia”, ya que la terapia implica la voluntad de asistir por parte de las personas implicadas, y también, que lo que allí se converse será privativo de ese espacio. Esto resulta seguramente difícil cuando la llamada “terapia” se “ordena” desde el juzgado, y entonces, no sería “terapia”, y esa regla debería quedar clara para todos, empezando por los “terapeutas”. En este sentido, un llamado de atención, para los terapeutas mismos, es a diferenciar sus prácticas, y a comprender que no todo lo que hacen es, ni debería ser, “terapia”.
Lo anterior remite entonces a un tercer punto de reflexión, y es el de cuáles serían los objetivos de unas conversaciones entre los implicados, en un contexto tan difícil como lo es un proceso judicial en un caso de violencia intrafamiliar. Me aventuraría a señalar que en algunos países, los sistemas judiciales y quienes hacen parte de ellos, vienen adelantando un proceso de reflexión sobre su propio quehacer, y se han percatado de la necesidad de cambiar sus prácticas “que lo judicializan todo”, y de incluir a otros profesionales y saberes, a fin de devolver los problemas humanos, y dentro de ellos, los problemas familiares, a un modo de resolución, digámoslo, más “humanos” y menos”judicial”. Es decir, los sistemas judiciales se han dado cuenta de la necesidad de “desjudicializarse” en cierta medida, lo cual no es fácil, como lo muestra el caso relatado, y a veces, por querer favorecer ciertas cosas, se termina actuando en contravía.
Sara Ardila.
Fundación C.E.S.
Comment de Susana Maurin
Hora Agosto 18, 2009 a 2:26 pm
Uso y mal uso de la terapia sistémica como medio del agresor para “obligar” a víctimas de violencia doméstica a una revinculación y revictimación que no tendría lugar por otra vía.
En Uruguay es frecuente que la violencia de género se ejercite por varios flancos.
El violento ejercita la violencia por vías alternativas, entre ellas la económica, la procesal y además recurre a exigir en los juzgados que se implemente una terapia sistémica.
Obviando su naturaleza violenta, de no asunción de su problema y minimización de los hechos de violencia, culpabiliza a las víctimas de los resultados e introduce ante los juzgados otra vía de violencia que resulta en la revictimización a través de la terapia sistémica que incluye por sí tanto a los menores maltratados como a su exconyuge.
Mis hijos y yo fuimos víctimas de violencia intrafamiliar en su más amplio espectro. Hace 6 años que estoy divorciada por Sevicias, malos tratos e injurias graves. Tras el último incidente de violencia física con 30 días de inactividad por lesiones, estando mis hijos presentes que me salvaron la vida, creímos que la violencia terminaría.
Sin embargo, fue el comienzo de otro estilo de violencia. Innumerables demandas judiciales (13 expedientes), demandas actuadas tanto por la madre del agresor como por él mismo, incumplimiento de pensión alimenticia, pericias y más pericias, a mi, a mis hijas, implementación de visitas supervisadas a las que mis hijas siempre se negaron, etc.
Ahora la vía que han seleccionado para continuar con los hostigamientos es la petición de terapia sistémica cuando la raíz del problema no está en la nueva familia que estos seres violentos formaron, sino en sus antecedentes familiares violentos (que incluyen procesamientos penales por lesiones entre otro tipo de infracciones y problemas con la forma que tienen de socializar).
Es tremendo que aún a seis años continuemos en esta suerte de esclavitud de la que el sistema no permite nos liberemos.
Cada individuo tiene el derecho de decidir con quién desea vincularse de acuerdo con sus bases morales, de principios y de sabiduría de sobrevivencia. Sin embargo, en la violencia de género esto no se tiene en cuenta. Por el contrario, reiteradamente se somete a la víctima a victimario.